Así bailan los caballos andaluces

Expresividad en todos sus aires, flexibilidad en todos sus músculos, equilibrio que aporta armonía a cada uno de sus movimientos, impulsión perfecta… En resumen: elegancia, con mucha elegancia, así bailan los caballos andaluces. La importancia no estriba en realizar un ejercicio, consiste en la forma de ejecutarlo y en la calidad. Se busca la excelencia y se consigue gracias a la fuerza, la agilidad, la altivez y vigorosidad del animal más noble, el caballo PRE.

Los caballos bailadores, como así los llaman, buscan la perfección junto a su jinete y amigo con muchas horas de entrenamiento diario. La conexión con el jinete, la química entre ellos, es necesaria para conseguir una evolución positiva de sus movimientos naturales pero, sobre todo, para trabajar adecuadamente los artificiales con el fin de conseguir una completa sincronización.

Los caballos bailadores, nobleza y majestuosidad

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Cómo bailan los caballos andaluces no es producto de la casualidad ni de la suerte. Las características morfológicas y funcionales que aporta la genética son tan importantes como el entrenamiento para conseguir lo que algunos denominan “un buen caballo”.

Es necesario que el caballo tenga buen carácter, sea colaborador, con capacidad de concentración, trabajador, con brío pero no excesivamente nervioso, distinción, impulsión, amplitud y armonía en los movimientos… un conjunto de características imprescindibles que deben unirse a la aptitud física necesaria para la disciplina en la que va a trabajar. Cualidades que se pueden encontrar en el caballo andaluz.

Así baila el caballo español, con un buen entrenamiento

La interferencia humana en el desarrollo del potro determinará que se consiga sacar mayor partido a los aires del caballo, o por el contrario, si este cae en manos inexpertas o malas manos, crearan inseguridades y falta de confianza en el animal, con lo que será imposible conseguir el nivel necesario para ser un buen caballo de baile.

Por otro lado, dada la complejidad de algunos de los ejercicios de alta escuela que se realizan en estos espectáculos, es imprescindible un buen entrenamiento. Muchas de las figuras requieren un impresionante poderío físico, sobre todo en el tercio posterior para poder cargar con todo el peso del caballo y, a veces, también el del jinete. De ahí la importancia de un buen entrenamiento que fortalezca todos los grupos musculares y que le permita trabajar el equilibrio.

Las figuras de alta escuela más comunes en los espectáculos ecuestres son:

  • La levada: el caballo eleva el tercio anterior, cargando todo su peso en el anterior y recoge las manos para guardar mejor el equilibrio. El cuerpo marca un ángulo de unos 35º con el suelo.
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Levada. Foto: Bulerias -Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre.
  • La posada: es como la levada pero más alta, el cuerpo del animal forma un ángulo de unos 45º con el suelo.
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Posada.
  • La corveta: tras una posada alta, el caballo da sucesivos saltos sobre los miembros posteriores a la par.
  • La cabriola: el caballo se impulsa desde el galope en dos tiempos, salta y, una vez en el aire en el punto de altura máxima, extiende enérgicamente los pies a la vez que recoge las manos.
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Cabriola. Real Escuela del Arte Ecuestre. Foto de www.ABCandalucía.es
  • La balotada: como la cabriola pero sin llegar a extender los pies, se quedan recogidos debajo de la masa.
  • El passage: Es un trote elevado, candencioso, suspendido y con mucha impulsión; a pesar de esto, el animal avanza poco. Los pies deben ser rítmicos y empujar en todo momento hacia adelante y arriba.
  • El piaffe: es como el passage pero sobre el mismo sitio. Se permite un ligero desplazamiento hacia adelante pero nunca hacia atrás. Aire del caballo en el que se alcanza el punto máximo de reunión.
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Piaffe. Juan Manuel y Fuego XII. Foto: The Horse Magazine
  • El paso español: al paso, el caballo aumenta la expresividad de las extremidades anteriores, incrementando tanto la elevación como el avance de éstas, llegando a extender al máximo la mano en el aire. Es un paso en movimiento, los pies nunca deben dejar de avanzar.
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Paso español.

Sentimiento y emoción en el caballo andaluz

Tan importante como las características antes mencionadas, es la relación caballo jinete. Son muchas horas de entrenamiento los dos juntos y el entendimiento entre ambos es absolutamente necesario para conseguir la simbiosis perfecta.

No sólo el caballo tiene que entender qué le está pidiendo el jinete con las ayudas que le da, sino que el jinete también debe saber apreciar el estado de animo del animal, qué intenta decir a su manera para saber qué hacer a cada momento.

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Los caballos también piensan y el saber interpretar sus sentimientos o entender sus emociones es clave. Esto puede marcar la diferencia entre una muy buena relación, que tendrá como resultado unos ejercicios espectaculares, o una relación distante, con la que nunca se alcanzará la perfección buscada.

De hecho, el trabajo más arduo no es el espectáculo en sí, ese día la suerte ya está echada. Lo realmente duro son las horas y horas de entrenamiento que llevan detrás para afinar todos los movimientos, reconocer las debilidades y trabajarlas hasta que dejen de serlo… Pero, sobre todo, establecer un vínculo de confianza mutua.

Esas emociones y sentimientos bien gestionados y trabajados son los que transmite el noble animal al salir a la pista, convirtiéndose en un elegante bailarín capaz de crear mágicos espectáculos.

Por lo tanto, una buena doma es necesaria independientemente de la buena genética de la que ya disponen los caballos andaluces. Podemos resumir diciendo que genética, buen carácter, buen físico y movimientos amplios, enérgicos y cadenciosos son las cualidades básicas que necesitamos para empezar a entrenar a un caballo para una disciplina tan compleja como es la alta escuela.

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