El Caballo Perezoso: Cuento Infantil

Había una vez, en una tierra lejana vivía un comerciante honesto y trabajador, su principal negocio era la sal.  Tenía un caballo que siempre estaba ideando como eludir su trabajo que consistía en trasportar la sal que el comerciante llevaba a vender en los pueblos cercanos.

Un día, el caballo como siempre estaba holgazaneando a la sombra de un frondoso árbol. Cuando se acercó el comerciante a cargar sobre su lomo un pedido de sal que debía entregar.

_ Hola_ Dijo el comerciante. ¿Me permites cargar estos sacos de sal que debo entregar sobre tu lomo?

El caballo lo miró y de mala gana respondió:

_ Estoy descansando, me siento agotado de la travesía de ayer. ¿Por qué debo trabajar siempre?_

Y continuó replicando el caballo: _ Desearía dormir todo el día, pero ¡No! Debo cargar esos sacos de sal sobre mi lomo y moverme, siempre voy de aquí para allá.

El comerciante sonrió, paciente y procedió a acomodar los sacos de sal sobre su holgazán amigo. Una vez listos los sacos sobre el lomo del jamelgo, le dijo:

_ ¡Vamos, caballo! Comienza a caminar que tenemos mucho camino por delante, cruza el puente y mientras tanto buscaré algo de comida.

El caballo con mala cara y arrastrando sus patas comenzó a caminar con toda la lentitud del mundo hacia el puente y comenzó a cruzarlo cuando de pronto se resbaló y cayó al agua. Como los sacos estaban llenos de sal, esta al mojarse comenzó a disolverse. Cuando el caballo salió del agua, se dio cuenta de que los sacos en su espalda estaban más livianos, entonces el taimado caballo sonrió y pensó:

_ ¡Que buena idea! Si me sumerjo en el agua, como los sacos tienen sal, esta se disolverá y pesaran menos. Esto podría hacerlo mas a menudo, eso sí, cuidando de que mi dueño no esté mirando._

Cuando llegaron a su destino y el comerciante entregó la sal. Encontró que había la mitad de lo que había cargado, pero creyendo que había sido error suyo, vendió la que quedaba y regresó a su casa.

Pasó la noche y el caballo, feliz en su establo, se durmió pensando que había encontrado una magnífica manera de aminorar su trabajo.

A la mañana siguiente, el comerciante volvió a cargar a nuestro perezoso amigo con sacos de sal para llevar a vender y fue un momento hasta la casa a buscar su comida.

Viendo esto, el caballo nuevamente comenzó a caminar antes que él y llegó hasta el puente. Cuando estaba en la mitad, se detuvo y pensó:

_ Debería sumergirme de nuevo en el agua antes de que mi dueño llegue. Así tendré menos peso para recorrer el camino_ y dicho esto, fingió un resbalón y cayó nuevamente al agua como había sucedido el día anterior. Se quedó en ella por unos minutos para que parte de la sal que llevaba a cuestas tuviera tiempo de disolverse.

Nuevamente al llegar a entregar la sal, esta pesó menos. El comerciante se encontraba muy confundido y no se explicaba lo que estaba sucediendo, cada vez los sacos pesaban menos.

El caballo se lanzaba al agua a propósito todos los días y así los sacos cada vez eran más y más livianos. Un día el comerciante siguió al caballo sin que este se diera cuenta. Y escondiéndose entre unos arbustos observó lo que el caballo estaba haciendo. Con sorpresa vió lo que el caballo hacía y comprendió el motivo por el cual los sacos pesaban menos al llegar a su destino. Entonces dijo:

_ ¡Que caballito tan taimado! Voy a enseñarle una lección a este caballo perezoso_

Sin decir nada, como todos los días llevó su carga a vender, pero ahora sabiendo que solo llegaría la mitad. Regresó a su casa y estuvo mucho tiempo pensando que haría para enseñar una buena lección al perezoso de su caballo.

Al día siguiente, como siempre llevó los sacos llenos hasta el jamelgo y los puso en su lomo. Pero ahora había una diferencia en la carga, porque en lugar de sal, había puesto algodón en ellos.

Como todos los días, el caballito se dirigió diligentemente al puente y como siempre hacía, se lanzó al agua a propósito. Pero cuando cayó al agua y el algodón se empapó comenzó a ponerse cada cada vez más pesado.

_ ¡Oh no!_ Pensó nuestro amigo _ ¿Qué esta pasando?_ se preguntó angustiado al sentir que su carga pesaba cada vez más. Se sumergía una y otra vez, tratando de disolver lo que el pensaba que era sal. Pero solo lograba que el algodón se empapara más y más aumentando así su peso. Como pudo salió del agua y con mucha dificultad comenzó a cruzar el puente, sentía que su espalda le dolía mucho por el peso que llevaba.

Se sentó en el suelo jadeando por que los sacos estaban muy, muy pesados. Entonces el comerciante que estaba observando toda la escena, se acercó hasta donde estaba el caballo y riendo le dijo:

_ Caballo, éste es tu trabajo, yo soy tu dueño, Yo trabajo muy duro y me gusta lo que hago. No busco excusas ni engaño a nadie para evadir mis responsabilidades, espero que hayas aprendido la lección. Ven para quitarte ese peso que no te deja caminar, sabes que nunca pondría sobre ti una carga mayor de la que puedas transportar.

Desde ese día en adelante, el caballito nunca mas intentó evadir su trabajo ni sus responsabilidades. Se convirtió en el mejor compañero del comerciante.

Fuente: TSeries.Kid Hut.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Ir arriba